www.arahalinformacion.com 18/08/2016
C.Gonzalez
Su empresa, situada en Santos de Maimona (Badajoz), mueve unos 8 millones de kilos de aceitunas al año, una parte de Arahal
Antonio Fraile Rodríguez tiene 81 años y sigue pagando su Seguridad Social, es decir todavía no se ha jubilado. Es sevillano, del Aljarafe, aunque lo une una profunda relación con Arahal y con familias como la de José García (Garcioliva S.L.). En plena campaña de verdeo se levanta a las 4 de la madrugada y sale para su almacén en Santos de Maimona (Badajoz) o recorre la provincia de Sevilla para tratar la compraventa de aceitunas con sus clientes y amigos. Dice que su secreto es: “Me como medio kilos de aceituna a diario desde hace más de 70 años”.
Foto: Claudio Ramírez, AION Arahal.
Tiene una mirada clara y la voz segura de quién ha vivido muchos años de trabajo duro. Desde pequeño su padre, Juan Antonio Fraile, lo lleva a recorrer puestos por lo que el olor a salmuera lo tiene inyectado en sangre. Por eso no hay jornada larga que acabe con su insistencia en el trabajo. Dicen de él que es un hombre “serio y formal” y, a su entender, no hay dinero en este mundo que pague esa visión de su persona. Hoy mueve unos 8 millones de kilos de aceituna por temporada y en plena cosecha tiene trabajando a medio centenar de personas.
Es propietario de un almacén en el pueblo extremeño Santos de Maimona pero toca todos los palos del sector, desde la misma plantación de olivos (tiene una finca en Castilleja del Campo), la venta y entamado de aceitunas, carga y descarga en los puestos. Es un experto porque lleva años recorriendo almacenes, trabajando con los mejores profesionales como Antonio Isern, con el que tuvo la oportunidad de irse a California a plantar olivos pero no lo hizo, prefirió seguir en el Sur de Andalucía. Isern es un ingeniero técnico agrícola que revolucionó el mundo del olivar con un método de poda con el que se consigue acabar con la vecería en el olivar (fenómeno por el cual árboles frutales alternan fuertes cosechas con años de poca o ninguna cosecha), alcanzar los 18.000 kilos de aceituna por hectárea o convertir un olivar viejo y poco productivo en otro rentable.
Fábrica La Palmera
Antonio Fraile ha trabajado junto a empresarios de importancia en el sector como la familia Camacho, de Morón de la Frontera, “yo empecé con su abuelo y ahora le vendo aceitunas a sus nietos”. En su trayectoria también se ha relacionado con Abelino y Benito Villamarín, Jesús y Francisco de la Serna, los dos últimos propietarios de la emblemática fábrica La Palmera de Arahal, fundada en 1900, empresa de mucha importancia en la historia del sector en esta localidad, hoy desaparecida, y en Utrera, donde aún está funcionando.
Este empresario que se niega a jubilarse, sabe donde están las tierras en la provincia con los mejores olivos. “En la Vega de Carmona hay tierras de arena de olivos viejos que no producen mucha cantidad pero donde la aceituna es la más fina”. Entonces su amigo Pepe García apunta que en Arahal las mejores están en el Pago de La Roela (a 7 kilómetros por el margen izquierdo de la carretera de Morón de la Frontera).
Fraile reconoce que, en un principio, Alcalá de Guadaira y Dos Hermanas eran las localidades con más fama de aceitunas buenas, pero Arahal consiguió “hacerse un hueco” y hoy en día es especialmente importante para el sector aceitunero.
Foto: Claudio Ramírez, AION Arahal.
Tiene su especial visión del sector, avalada por años de trabajo. “Nos hemos tenido que preparar rápido para adaptarnos a la globalización, pero el mercado apunta a la utilización de cosechadoras porque en el mercado de la aceituna han entrado países que disponen de manos de obra barata y aceituna de mala calidad pero a bajo precio”, explica y cita Grecia, Egipto o Perú. Es triste la situación y a sus 81 años, la esperanza se basa en la adaptación al mercado. El joven Raúl García, uno de los propietarios de GarciOliva S.L., lo ve de forma diferente: “Hay que luchar por la calidad, la aceituna manzanilla tiene una piel muy fina que solo con el contacto se araña, por lo que hay que insistir en que se siga cogiendo a mano”.
Ambos sin embargo están de acuerdo en que hay que mimar más al agricultor. “Hay que dale valor al producto desde abajo, no se puede pagar 80 pesetas por kilos al agricultor porque esto está por debajo del precio que cuesta producirla y acaba abandonando el olivar y, por tanto, la aceituna”, dice Raúl. Reconocen que la situación la controlan tres empresas, “Escalante, Camacho y Agrosevilla”, y “es un sector en el que no hay unión” porque los intereses son diferentes. No obstante, están obligando al agricultor a “dejar la cosecha para aceite”. Es decir, que al final, todos perderán.
www.arahalinformacion.com 18/08/2016
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